Agrademos este texto al

Dr. Ramiro Huber

 

“El verdadero viaje de descubrimiento

no consiste en buscar nuevas tierras,

sino en ver con nuevos ojos”

Marcel Proust

  La SALUD no es simplemente la ausencia de enfermedad; se trata fundamentalmente de la medida en que un individuo o un grupo es capaz de realizar sus aspiraciones, satisfacer sus necesidades y cambiar o enfrentar a su entorno, de manera dinámica y constante.

 

Hoy más que nunca, la mayor parte de los seres humanos viven y construyen un ambiente urbano. Las ciudades han crecido durante el último siglo hasta contener a más del 80% de la población mundial. Las ciudades surgen de la naturaleza social y del comportamiento ecológico del hombre, como una necesidad evolutiva, y son una cuestión importante a estudiar para comprender la salud de la población.

 

         Las ciudades pequeñas (menos de 50.000 habitantes) e intermedias (entre 50.000 y 1 millón de habitantes) de Latino América mantuvieron un dinamismo demográfico importante en la década pasada, y en muchos casos presentan un gran potencial para un desarrollo urbano sostenible si se las compara con las grandes ciudades.

 

         La viabilidad de estos centros urbanos parece depender sobre todo de sus fundamentos económicos de sustentación, incluyendo su grado de integración al escenario global, el tipo de articulación con el sistema urbano nacional y regional, y el aprovechamiento que se haga de ventajas competitivas en materia de producción, oferta de servicios, disponibilidad de infraestructura, generación de conocimiento e información, condiciones de vida, calidad de la gestión y la capacidad de lograr acuerdos estratégicos entre los actores más relevantes de la ciudad.

 

       El desarrollo sustentable y duradero dirigido a mejorar la calidad de vida de una población urbana, debe tratar de complementar y articular adecuadamente el crecimiento económico, la protección del medio ambiente, y la búsqueda de niveles óptimos de salud de la población en su conjunto, con las menores diferencias posibles entre el estado de salud de los diversos grupos poblacionales que la conforman.

 

La idea de observar, registrar y recolectar informaciones en materia de salud no es nueva, y data desde Hipócrates. En las últimas décadas mucho ha sido desarrollado en la vigilancia para el control de epidemias. Pero más recientemente, con la transición demográfica y el constante crecimiento urbano de las ciudades -con sus ventajas y desventajas-, han hecho más complejas las agendas de salud incorporando aspectos relacionados con lo social, lo psicológico y  lo ambiental.

 

El propósito final de verificar inequidades socio-sanitarias existentes en las ciudades es el de fundamentar y fomentar el desarrollo y aplicación de futuras políticas sociales y sanitarias, orientadas a reducir aquellas desigualdades verificadas por la investigación, para tender mejorar el bienestar de la comunidad con un carácter justo y equitativo.

 

En la realidad latinoamericana, los costos ambientales y el desarrollo sustentable no ocupan aún los principales lugares en las agendas de los gobiernos de los países subdesarrollados, gobiernos que por otra parte suelen presentarse con una escasa capacidad institucional regulatoria. Como consecuencia de ello, la pobreza, la marginalidad y la inequidad social terminan siendo la contra cara visible de esta realidad.

 

La relación entre pobreza y degradación ambiental muestra que los grupos sociales más pobres suelen estar obligados a habitar las zonas más degradadas ambientalmente de las ciudades, constituyéndose en un fenómeno heterogéneo, multidimensional y multifacético que se retroalimenta sobre sí mismo (desocupación, pobreza, marginalidad, degradación ambiental, deterioro de la salud).

 

Revertir el proceso de deterioro progresivo de condiciones materiales y ambientales de vida que sufren los sectores sociales marginales –particularmente en los espacios urbanos- debe ser uno de los principales objetivos estratégicos de los gobiernos municipales en América Latina, cobrando relevancia la relación que se establece entre pobreza – ecología – participación ciudadana – programas sociales y sanitarios.

 

A fines de los años 90, 6 de cada 10 personas pobres en LA habitan zonas urbanas, se trata de un proceso progresivo de “urbanización de la pobreza” que hay que enfrentar. Al interior de las ciudades la segmentación socio espacial también se ha acentuado, en la medida en que los requerimientos de exclusividad residencial de los grupos de más altos ingresos han expulsado a los sectores empobrecidos de las zonas urbanas privilegiadas, y también debido a la acción del Estado que en materia de vivienda ha favorecido la radicación de los estratos sociales más bajos en zonas de la periferia de las ciudades, aprovechando el menor costo del suelo.

 

Esta segregación constituye una característica altamente negativa de las ciudades, y provoca un debilitamiento de los tradicionales mecanismos de integración que poseían nuestras ciudades, como lo fueron la enseñanza pública, el sistema de salud público, y los lugares de recreación y de cultura popular.

 

Las políticas públicas orientadas a reducir las desigualdades sociales de cobertura y calidad educativa y sanitaria, así como las acciones destinadas a asegurar vivienda digna, acceso a servicios básicos y oportunidades de trabajo, deben ser una constante del gobierno, tendiente a integrar a todos los habitantes de la ciudad en un plano de equidad y de justicia social.

 

DR RAMIRO HUBER

Mgr. en SALUD PUBLICA

Links de Interés:

The International Society for Urban Health
 
 
7th International Conference on Urban Health
 
Our cities, our health, our future: WHO Commission on Social Determinants of Health from the Knowledge Network on Urban Settings 2008  
http://www.who.int/social_determinants/resources/knus_final_report_052008.pdf