Desde el 20 de marzo de 2020, fecha de inicio en nuestro país del aislamiento social más largo y cuestionado del mundo, el sistema de salud en su totalidad inició una rutina de trabajo casi sin precedentes en nuestra historia reciente. Vale aclarar que cuando uno se refiere a “todo” el sistema de salud incluye no solo a prestadores de servicios asistenciales (hospitales, clínicas, centros de atención primaria, laboratorios, etc.) sino que principalmente se refiere a los integrantes de los equipos de salud que se desempeñan en todos los subsectores de nuestro sistema sanitario (público, privado, y de la seguridad social) y en todos sus niveles asistenciales (tanto de atención ambulatoria como hospitalaria) en la ardua tarea de brindar cuidados de salud a todos los habitantes del país. Estos equipos de salud no solo se componen por profesionales médicos de diferentes especialidades, sino que incluyen además a todos los auxiliares, personal de limpieza, administrativos y de maestranza que permiten el adecuado funcionamiento de un establecimiento sanitario. Pero lo más importante aun, es que todo ese colectivo está compuesto por “personas”. Cada una de esas personas con sus propias realidades, familias, angustias, temores, necesidades, problemas económicos y sociales. Esas mismas personas, que en un primer momento éramos aplaudidas todas las noches desde los balcones, consideradas como trabajadores esenciales por el sacrificio de mantener la atención médica durante la pandemia, cuidando a los demás aun a riesgo propio. Esos mismos que desde su inicio fuimos enfrentando diferentes adversidades: falta de equipos de protección personal, falta de tests diagnósticos, condiciones persistentes de precarización laboral, multiempleo, falta de reconocimiento económico adecuado, maltrato, sobre exigencia física y psicológica por reiteradas jornadas bajo presión, falta de vacunas, etc.

Durante 2020 el sistema de salud se hizo cargo de dar respuesta a todo lo vinculado a patología COVID19, y buscó los tiempos, las formas y las herramientas innovadoras necesarias para continuar brindando cuidados a todo el universo de patologías NO COVID19. Porque la pandemia no desterró a: las enfermedades crónicas, los cuidados maternoinfantiles, las enfermedades oncológicas y neurológicas, los precesos infecciosos, ni los osteoarticulares.

A poco más de un año de todo esto, en el que se estima que el 4% de los contagiados por COVID19 y el 1% de su mortalidad corresponde a integrantes de los equipos de salud, y ante el inicio de la tan anunciada y amenazante “segunda ola”, escuchar al titular del PEN sosteniendo por cadena nacional que “el sistema de salud se relajó” es al menos indignante.

¿Qué indigna? Indigna que la expresión refleja antes que nada una preocupante falta de sensibilidad y de oportunidad, pero más gravemente una nula capacidad de autocrítica de gran parte de la clase política dirigencial (la misma que no pudo ser “solidaria” ni reducir sus sueldos).

La gravedad de la situación sanitaria actual lejos está de ser consecuencia de la nocturnidad y muchísimo menos de la escolaridad presencial. Se debe a una muy deficiente capacidad de gestión en diferentes áreas: comunicacional (culpando a una sociedad hastiada y asfixiada económicamente, creando falsas expectativas con planes de vacunación faraónicos en plazos imposibles); comercial (con  compras tardías e insuficientes de insumos, tests diagnósticos y vacunas); política (con una agenda legislativa desviada a temas no prioritarios); social (sin definiciones de base para contener los crecientes «condicionantes» de la salud: pobreza, desempleo, inseguridad); y de planificación (con ausencia de mecanismos de adaptación y articulación intersectorial ante los picos de nuevos casos y situaciones de tensión del sistema sanitario, buscando respuestas valvulares, progresivas, adecuadas, factibles, respaldadas por la evidencia y tolerables por la población).

Ante un escenario cada vez más complejo, es tiempo de reconocer los errores, priorizar las acciones que permitan corregir el rumbo, disipar los enojos y recuperar la confianza de la ciudadanía.

Los trabajadores de la salud no nos relajamos, la clase política dirigencial sí.